COMIDA
Después de habernos adentrado a los Souks el día anterior estábamos ansiosos por algo que nos diera más tranquilidad y nos recordara más las tierras europeas, fuimos a los parques cerca de la Koutubia y nos relajamos un poco. Muy cerca de allí, sobre la misma avenida (en dirección a la estación de autobuses) hay un Centro de Artesanos que sobresalta por su arquitectura y que es muy agradable de visitar. No se paga entrada, hay para comprar de todo, o para ver y un café. Se siente muy diferente salir de las murallas de la ciudad vieja, es como si el espacio allá afuera se ampliase, ya que dentro de ella casi todos los lugares se amontonan de cosas y de gente.
Dentro del centro, me acuerdo haberle comprado varias artesanías (collares, aretes y llaveros) a una jovencita que parecía padecer de síndrome de Down. Tenía una foto con el rey encima de su tenderete (de lo que estaba muy orgullosa) y presumía que ella hacía todo con sus manos, fue hermoso encontrarnos con esa sorpresa. me hizo pensar si todas las personas con alguna discapacidad tendrían las mismas oportunidades ¿Tendrá Marruecos con un gobierno que se preocupa por integrar a las personas con capacidades diferentes? Al menos que te hagan cuestionártelo ya da un indicio positivo. Igualmente, yo me llevé una muy buena impresión en cuanto a la seguridad y el aprecio de las personas hacia el rey.
Llegamos a la estación de autobuses, una parte poco pintoresca y turística de Marrakech, la mayoría de las personas que estaban ahí eran locales... hasta los puestos de comida eran para turistas, era raro ver una cara occidental. Sin embargo, encontramos uno de los mejores sitios para comer, cabe aclarar que no era por su gran vista ni su variedad de menú, sin embargo, aquel único plato que servían en el restaurante de la estación de autobuses era un singular deleite, un frenesí en el paladar (es verdad que íbamos con hambre, pero regresamos dos veces más y cada vez fue tan deliciosa como la anterioir). Juro que ese pollo con patatas al curry fue el mejor plato que probé en todo Marrakech, y eso que para la comida, la competencia es fuerte ya que es garantizado prácticamente que en cualquier sitio que pidas comida local el sabor será espectacular. Esos marroquíes saben lo que hacen cuando cocinan. Lo único que no me gustó de comer allí, fue que a falta de nuestro dominio en lenguas, no podíamos comunicarle al mesero que queríamos dos "poulés", por más que lo intentamos (que de verdad lo intentamos), me contaron después unos amigos que en Marruecos están acostumbrados a compartir platillos, entones pensamos que quizá tendría algo que ver con eso: si el sitio no es turístico, no esperarán que pidáis un plato cada quien, así que o pedís dos platos distintos o a compartir!
Yo les recomiendo que aprovechen probar y comer todo lo que puedan mientras estén allí, e incluso intenten llevarse un poco de especias o frutos secos, porque los del Mercadona no saben igual, no hay nada como probar lo hecho casero. Ir a marruecos es también una experiencia para el sentido del gusto, solo déjense llevar por todo lo que a sus ojos les llame la atención y prueben sin miedo. intenten ir a sitios menos turisticos, que el precio será mejor y la comida más marroquí.




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